Pereza, excusas y miedo

P1010735Hace ya algún tiempo que no escribo, que no subo nada al blog.  Esta pequeña verdad me ha hecho reflexionar sobre las causas de este abandono temporal, sobre todo cuando el blog, en realidad, acaba de nacer.

En esta reflexión he encontrado tres causas:

La primera que me viene a la cabeza es la llamada “pereza”.  La segunda, el cansancio derivado del exceso de trabajo diario, y la tercera el “miedo”.

En cuanto a la primera “pereza”, esta resulta ser un recurso que algunos de mis coachees repiten en nuestras sesiones, y  ¡¡eureka!! lo que ocurre a mi alrededor ocurre para mí.

La segunda, «el cansancio», es tan solo una excusa y francamente, estoy orgullosa de identificarla así, porque significa que estoy en el camino, que ya he hecho algo que antes no hacía: antes me manipulaba a mi misma y ni siquiera veía que me estaba manipulando.

La tercera, el “miedo”. ¿Miedo a qué? El miedo se me antoja tan amplio que seguramente formará parte también de mis futuros posts. ¡Qué forma tan graciosa de retrasar el momento! Pero qué bueno también: me doy cuenta de ello, lo reconozco y lo escribo.

Por cierto, las tres son miedo.

Así que hoy hablaré de la primera, la pereza, o dicho de otro modo, la procastinación.  En el trabajo con mis clientes, he profundizado en este tema y voy a resumir mi aprendizaje en una serie de citas y en una recomendación para todos que también me incluye a mí.

“Limita tu atención a tu problema más urgente y dale tu mayor energía, tiempo y recursos”. O, como dice Peter Drucker:  “Haz primero lo primero y … una cosa sola a la vez”

Citas populares que cualquiera de nosotros reconoce:

“Más vale malo conocido que bueno por conocer”.
«Si no está roto, no lo arregles”.
“Al perro que duerme, no lo despiertes”

¿Creéis que alguno de estos pensamientos tan perezosos pueden llevar al éxito a cualquier empresa o proyecto, tanto personal como empresarial? Yo diría que no.

Hay otras citas de personalidades relevantes, que curiosamente no se han convertido en tan populares:

“Conviértete en el cambio que deseas ver” Gandhi.

“Para poner el mundo en orden, necesitas poner a la familia en orden, para poner la familia en orden, primero necesitas cultivar tu vida personal, y para cultivar tu vida personal, debemos ajustar nuestro corazón “. Confucio.

Algunos pensamos, o pensábamos, que los éxitos son debidos a la suerte o a algún otro factor externo. Es común escuchar a alguien a quién felicitas por un éxito que sólo ha sido buena suerte. Sin embargo, el fracaso no conoce de mala suerte ni de factores externos, generalmente es interpretado como debido a nuestra ineptitud. ¿Puede haber algo más limitador e incapacitante?

Los niños no tienen este problema, cuando se derrumba su torre de fichas la frase más común es: ¡Oh, se cayó! Generalmente no dicen: ¡Oh, fallé! No es probable, siendo niño, transformar un fracaso en tu propio fracaso, pero a medida que creces, eso ya es otro cantar. En el mejor de los casos, a medida que el niño crece, la caída de la torre supondrá una decepción temporal, en la que tratará de analizar la colocación de las fichas para explicar el fracaso, de esta manera podrá volver a jugar con las fichas seguro de sí mismo. Esta no es nuestra pauta habitual como adultos.

¿Por qué nos paralizan situaciones como dejar un mal empleo para buscar uno mejor, marcharse de una mala relación para buscar otra mejor, o emprender proyectos ambiciosos?

En principio parece absurdo no moverse ante tales situaciones, no tiene lógica alguna. Sin embargo nos paramos, no vaya a ser que encontremos lugares más interesantes y motivacionales que trastoquen nuestra “querida rutina”.  ¿Cómo se explica esto entonces? Generalmente a través de mentirnos y decirnos que sí, que estamos buscando trabajo pero no es fácil encontrarlo,  o los riesgos del proyecto son muy altos y debemos reflexionar mucho, etc. etc.etc. O dicho de otra forma: el éxito nos llevaría a lo desconocido. Es natural sentir miedo, pero… ¿tanto como para perdernos un empleo mejor, una relación mejor, o un mejor proyecto?  Yo diría que no.

Así que ponle freno a tu pereza, a tus excusas, a tus miedos. Empieza por dibujar tu camino, por definir tu objetivo, y en ese camino sé productivo. Llega a trabajar a la hora debida, inmediatamente trabaja en lo que debes hacer en primer lugar y mantente enfocado durante una hora o más (pon tú tu límite).Te quedará tiempo para seguir caminando y para disfrutar de ese lugar más interesante.

Os recomiendo la lectura de un pequeño libro. Su traducción al español no es muy buena, pero si conseguís liberaros de esta crítica, encontraréis pautas para liberaros de la pereza, de la parálisis, del miedo…  Lo encontré en la página web de Hillary Retting. El título traducido es “El activista de por vida” (The lifelong activist). Aunque está enfocado a las personas que destinan su vida al activismo, al voluntariado, etc. es aplicable a cualquier vida.

http://lifelongactivist.com/translations/

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